sábado, 24 de marzo de 2018

Por Carlos Pagura.-
sábado 24 de Marzo de 2018

El exilio climático: habrá millones de nuevos sin tierra por sequías y suba de mares


Carlos Pagura


África, el continente más afectado. Luego el sudeste asiático y Latinoamérica.
Para 2050, unas 17 millones de personas en Latinoamérica podrían verse obligadas a iniciar migraciones internas en sus países por los efectos del cambio climático y su cóctel de escasez de agua, alteraciones en la productividad agrícola y crecida del nivel de los mares.

La cifra alcanzará los 150 millones si se le suma los 40 millones que se verán afectados en el Sudeste Asiático y otros 86 millones en África subsahariana, según un nuevo informe del Banco Mundial, que también plantea que el impacto del fenómeno podría atenuarse en gran parte si se toman medidas para frenar el calentamiento global. En ese caso, solo unos 40 millones de personas se verían forzadas a comenzar el largo adiós de sus tierras.

Para profundizar en el panorama que se avecina, ámbito.com dialogó con una de las autoras del informe, la argentina Susana Adamo, licenciada en Geografía en la UBA y magíster en Estudios de Población, quien se desempeña en el Earth Institute de la Universidad de Columbia (EEUU). "Si no se toma en serio el acuerdo de París con su compromiso de limitar las emisiones contaminantes y el ascenso de la temperatura, vamos al peor escenario", advirtió.
Los especialistas analizaron tres futuros hipotéticos relacionando cambio climático y desarrollo, que van desde las proyecciones más "pesimistas" (altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero y desarrollo desigual) hasta escenarios "inocuos" para el clima (bajas emisiones y desarrollo más inclusivo). "Este es uno de los aspectos más importantes del reporte: señala que es vital el control de emisiones pero también es necesario prestar atención al desarrollo, porque no puede alcanzarse uno sin el otro", destacó.

Cómo las migraciones afectarán a cada país dependerá del grado de urbanización, la diversidad de su economía y su dependencia de las actividades primarias. En el caso de las naciones apoyadas en la tarea de pequeños productores, las alteraciones de la producción agrícola afectarían a comunidades enteras, mientras que en otras el efecto será menos pronunciado.

"En Argentina tendría efectos distintos. Quizás en sitios como la Pampa Húmeda no provocará migraciones pero sí en otros lugares, como Misiones, donde hay muchos pequeños productores agrícolas. Como los modelos proyectan un impacto en la productividad de esas tierras, estimamos que una parte de la población dejará ese lugar. Y en Argentina, en general, cuando la gente abandona el área rural va hacia ciudades intermedias o grandes", resumió.

Los modelos científicos pronostican que los períodos de sequías e inundaciones, como los que atravesaron distintas provincias en los últimos meses, se acentúen en nuestro país con el correr de las décadas.

Otra preocupación es la incierta respuesta de las zonas costeras a la futura crecida de los océanos. Adamo se preguntó: "¿Qué pasará con el aumento del nivel del mar, que no se percibe pero se está produciendo? ¿Cómo se combinará eso con el dato de que no hay médanos en la costa de Buenos Aires? Son cuestiones a largo plazo, pero se sabe que en algún momento algo va a pasar".

Las sequías, una de las grandes preocupaciones para nuestro país en 2018.

•Fuente de conflictos

La marcha de muchedumbres humanas desde el campo a las ciudades podría generar un aumento de los conflictos, como resultado de una dinámica peligrosa: mayor demanda sobre recursos más escasos. Para evitar esa tensión sería necesario identificar los principales "puntos críticos" de inmigración y emigración, para luego planificar medidas que permitan reforzar, por ejemplo, los servicios de salud esenciales.

Adamo señaló otro puñado de factores a tener en cuenta:

-Fomentar la participación de todos los actores involucrados en las discusiones.

-Invertir en datos y análisis para mejorar la comprensión de las tendencias y trayectorias de las migraciones internas.

-Idear un plan de acción a nivel local, porque más de allá de que los fenómenos climáticos son globales sus impactos terminan siendo muy específicos.

-Brindar información compartida, libre y accesible, con acceso inmediato de todos los niveles.


"Las migraciones internas son una consecuencia más lenta del cambio climático, pero hay que tenerla en cuenta, visibilizarla, porque la gente suele migrar en situaciones muy desfavorables y vulnerables", apuntó.

Desde el punto de vista de la investigadora argentina, "aunque hay otros problemas más urgentes, en Latinoamérica existe conciencia sobre los riesgos del cambio climático, el problema es que en muchos países hay a la vez una gran disociación con las políticas de medio ambiente. Falta sintonía entre los actores institucionales, que funcionan como compartimentos estancos. El tema de las migraciones debería estar en los planes nacionales para que se discuta más".

Ese debate será decisivo. "Aún estamos a tiempo de incluir el tema en la planificación de las políticas para impulsar la economía verde, las energías renovables y activar las alertas tempranas. Estos factores serán más determinantes incluso que la infraestructura, porque aunque las obras son muy importantes, con el huracán Katrina en Nueva Orleans fallaron las defensas y se inundó toda la ciudad", recordó. Ese desastre desplazó a millones de personas. En 2010, cinco años después de su paso, muchos habitantes no habían regresado de los estados vecinos y la población de la ciudad se había reducido más de 25%.

La conclusión del informe que proyecta una sombra más amenazante sobre el futuro es que "los impactos podrían incrementarse después de 2050". En 2017, según las estimaciones de Naciones Unidas, unas 124 millones de personas atravesaron una crisis alimentaria por la sequía persistente y la intensificación de los conflictos (contra 108 millones de 2016 y 80 millones de 2015). Si nada cambia, serán los nuevos integrantes de la legión de los sin tierra del cambio climático.
 

martes, 23 de mayo de 2017

PRODUCCION POPULAR DE VIVIENDAS



Producción popular de viviendas
Casas para todos
Experiencias en distintos países demuestran que existen caminos alternativos a los que se utilizan en la Argentina para garantizar el derecho a la vivienda.
(Imagen: AFP)

Por Enrique M. Martínez *

Hay un clásico apotegma del campo popular que dice: “Donde hay una necesidad hay un derecho”. Esa máxima confronta decididamente con una idea que el capitalismo ha ido instalando como principio de relación comunitaria: “Donde hay una necesidad hay un negocio”. Esta idea se aplica a escenarios donde hay exceso de demanda sobre la oferta de un bien o servicio, apoyada sobre una lógica elemental del sistema vigente.

Dolorosamente, se aplica también con dureza en los ámbitos de atención de las necesidades básicas impostergables de cualquier ser humano. Especialmente en éstos.

La vivienda es un ejemplo rotundo. A medida que el capitalismo como organización productiva y el lucro como meta excluyente se fueron naturalizando, el “negocio” desplazó a la “necesidad”. El crecimiento relativo de las ciudades como lugar de residencia pone lógica presión sobre la tierra urbana, la hace un bien más y más escaso, es espacio fértil para generar ganancias por el solo hecho de disponer de tierra.

La reacción natural de los ciudadanos ha terminado siendo resignarse a que el acceso a la vivienda, como patrimonio propio, se aleje o -en todo caso- se convierta en una carga creciente sobre el presupuesto familiar. Lógicamente, la exclusión ha crecido sin pausa. En el país el déficit ya llega a los 4 millones de unidades.

Los gobiernos neoliberales consideran a la vivienda como un ámbito más de negocios y su aporte al tema se limita a habilitar líneas de crédito, algunas de ellas hasta perversas, como la inolvidable Circular 1050 o el actual sistema indexado con inflación. Los gobiernos progresistas han apelado al mismo instrumento -el crédito- subsidiando las tasas, pero con el doloroso corolario de financiar por esa vía las ganancias de los especuladores que están sentados sobre ese bien, escaso por definición. A eso han agregado inversiones en las llamadas viviendas sociales, que se entregan a población con muy modestos recursos económicos. Los fondos disponibles, no obstante, nunca han sido suficientes para siquiera achicar la brecha.

No es inexorable que esas sean las únicas opciones.

En la Argentina reciente se han registrado iniciativas públicas -varios municipios- y privadas -pocas- de comprar tierra agrícola periurbana, urbanizarlas y vender los lotes al costo, reduciendo su precio al 20 por ciento de lo que fija el especulativo mercado vigente. En el mundo, hay una historia larga, rica en opciones, y podríamos decir más doctrinaria, buscando defender a ultranza el derecho a la tierra, desplazando al negocio.

El sistema más difundido, con relevancia alta en Estados Unidos, es el de los fideicomisos de tierra comunitaria -community land trusts-, donde se compra o se desarrolla tierra urbana y se la convierte en propiedad común a perpetuidad, eliminando la posibilidad de su compra venta.

Las personas que construyen allí o que compran unidades preexistentes, no son dueñas individuales de la tierra sino de lo construido encima, pagan una proporción definida de su salario y cuando venden deben hacerlo en las mismas condiciones. El límite virtuoso de esta lógica es el que aplicó Singapur, que ha nacionalizado la tierra urbana, dejando solo un 15 por ciento para emprendimientos capitalistas tradicionales y aplicando al resto la dinámica expuesta más arriba.

Los intentos cooperativos son numerosos. En Canadá son moneda corriente. En Suecia el 18 por ciento de las viviendas son cooperativas. Hay historias numerosas que se retraen a principios de siglo 20, donde grupos de personas compraron tierra en que construyeron pequeñas ciudades donde las viviendas fueron cooperativas y una fracción se vendió en condiciones distintas para comercios e industrias, financiando de tal modo parte de las viviendas.

Todos esos sistemas, donde cada habitante es dueño de un 30/40 por ciento de su casa y el resto es comunitario, están hace décadas en luchas defensivas respecto del avance del capitalismo, que seduce a los participantes para que se retiren de la idea colectiva y busquen beneficiarse con la apreciación patrimonial de la tierra escasa.

El tema es muy dinámico y a cada momento aparecen mecanismos que buscan combinar la libre iniciativa de los individuos para elegir dónde y cómo viven con una protección real respecto de la furia por el lucro que caracteriza al capitalismo. Al parecer las mejores perspectivas la tienen las variantes del Community Land Trust (CLT), que es necesario que se investiguen a fondo y se difundan, al menos para creer que se puede escapar de la trampa vigente, que deja fuera ya a más del 30 por ciento de las familias argentinas.

Recuerdo la clave: aferrarse al derecho, descartando el negocio. Sin que confundamos derecho con algo que cae del cielo; pero sin que caigamos en creer que para tener un techo propio debemos eliminar la alegría de nuestra vida cotidiana, llegando a sacrificios tan exagerados como innecesarios.

* Instituto para la Producción Popular.
FUENTE: https://www.pagina12.com.ar/39055-casas-para-todos

miércoles, 29 de octubre de 2014

Por mas tierras mas viviendas y mas trabajo para todas las familias

EL MUNDO › EL ENCUENTRO MUNDIAL DE LOS MOVIMIENTOS POPULARES QUE SE ORGANIZO EN EL VATICANO

El Papa recibió a Evo, campesinos y cartoneros.

Morales, que participó del encuentro como ex dirigente cocalero, dijo que hay que ver “cómo reconfigurar el capitalismo”, pero también cómo “refundar la democracia” y recuperar “la soberanía sobre los recursos naturales”.

Por Elena Llorente Desde Roma

El papa Francisco y el presidente de Bolivia, Evo Morales, coincidieron ayer en criticar, con bastante sinceridad, las injusticias del sistema económico vigente –“aunque algunos puedan criticarme de comunista”, advirtió el Papa–, al participar del Encuentro Mundial de los Movimientos Populares realizado en el Vaticano y promovido por el Pontificio Consejo Justicia y Paz. Ante casi un centenar de organizaciones de campesinos, cartoneros, recicladores, entre otros, de todo el mundo, el máximo exponente de la Iglesia y el único presidente indígena de América latina coincidieron también en la defensa de la ecología y en un rotundo “SI a la paz NO a la guerra”. Es la primera vez que se realiza en el Vaticano una reunión de esta naturaleza, cuyo objetivo es debatir las causas de la creciente desigualdad social y el aumento de la exclusión en todo el mundo y reflexionar sobre las experiencias organizativas de los movimientos populares en la resolución de esos problemas.

Dirigiéndose “a todos ustedes que sufren en carne propia la desigualdad y la exclusión”, Francisco volvió sobre la “solidaridad”, tema en el que insiste a menudo en sus homilías. Esta palabra significa “pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de la tierra y de la vivienda, y contra la negación de los derechos sociales y laborales”. Y refiriéndose a la reunión de los Movimientos Populares que empezó el 27 y concluirá hoy en el Vaticano, indicó que “este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto. Un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Es extraño, pero si hablo de esto, para algunos resulta que el Papa es comunista. Se entiende poco casi nada que el amor a los pobres es central en el Evangelio, indicó.

El papa Bergoglio también se refirió a la que él llama “la cultura del descarte”, que sucede “cuando al centro del sistema económico está el dios dinero en vez del hombre”. El descarte de los jóvenes a quienes les falta trabajo, de los niños a los que se mata antes de nacer o que mueren por faltarles adecuada alimentación y de los ancianos porque ya dejaron de producir. Francisco también se refirió a la paz y a la ecología, señalando que, como es lógico, “tendremos tierra, techo y trabajo si construimos la paz y cuidamos el planeta”, y anunció que está preparando una encíclica sobre ecología. “Algunos de ustedes expresaron: este sistema ya es insoportable. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos. Hay que hacerlo con coraje e inteligencia, evitando el fanatismo; con pasión, evitando violencias”, concluyó el pontífice, indicando como “programa de acción” algunas lecturas “revolucionarias”, según dijo, de los Evangelios de San Mateo y San Lucas.

Evo Morales, que participó como ex dirigente cocalero en vez de presidente de Bolivia, por la mañana saludó brevemente al Papa cuando éste hizo su discurso en la antigua sala del Sínodo, dentro del Vaticano, donde se realizó la reunión. Y por la tarde intervino como un dirigente campesino más. “El gran pecado de la humanidad es el capitalismo –dijo–. Para el capitalismo carece de objetos sagrados. Todo se vende y se compra como una mercancía, incluso la vida.” Según Morales, hay que ver “cómo reconfigurar el capitalismo”, pero también cómo “refundar la democracia y la política”, y recuperar “la soberanía sobre los recursos naturales”. Su discurso también condenó la guerra porque, dijo, “la peor agresión a Dios y a sus hijos es la guerra, porque la vida cambiará para siempre”, y recordó la invasión del siglo XIX que sufrió su país y la guerra del cobre y el salitre con Chile, impulsada por intereses ingleses, donde Bolivia perdió su salida al mar. Y tuvo palabras elogiosas para Francisco: “Hoy día, de verdad, me siento que tengo Papa, comprometido con su pueblo, con un pensamiento revolucionario, con sentimiento social y sobre todo con propuestas de cambiar y acabar con la violencia y la guerra”.

Poco después, el Papa y Evo mantuvieron un encuentro a solas. Un encuentro “privado e informal –explicó el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi–, una expresión de afecto y cercanía con el pueblo y la Iglesia bolivianos, y un apoyo para la mejora de las relaciones entre las autoridades y la Iglesia en el país”.

Sergio Sánchez, presidente de la Federación de Cartoneros de la Argentina y que conoció al Papa siendo éste arzobispo de Buenos Aires, dijo que “el que se queda callado pierde”. “Hoy, gracias a la fuerza que nos da Francisco, seguiremos luchando por los tres derechos que él subraya: tierra, techo, trabajo”, añadió, recordando que comenzó a ser cartonero en 2001, en plena crisis económica, porque lo despidieron de su trabajo. “Nosotros hemos hecho una labor que en la Argentina la hacen pocos casi nadie.” Y muy útil por lo demás para salvar al planeta, dicen los ecologistas. Basta recordar que, en Italia, recién hace pocos años se comenzó la recolección diferenciada que ahora, en muchas regiones del país, tienen obligación de hacer las familias en casa.

Suha Jarrar, una joven palestina que vive en Cisjordania y que trabaja con Union of Agricultural Work Committees, una organización sin fines de lucro que ayuda a los agricultores palestinos, dijo a Página/12 que en su país hay una emergencia general después de la reciente guerra con Israel. La gente además de perder su casa, perdió sus campos, sus animales y sus cultivos. Hay peligro de infecciones y otras enfermedades porque decenas de cuerpos de seres humanos y animales han quedado bajo los escombros de los bombardeos. Pese a que en su país la mayoría es musulmana, vino a esta reunión en el Vaticano porque lo importante es que se hable de Palestina, de las presiones internacionales. “Esto dejó de ser un problema religioso. La Iglesia Católica tiene mucha influencia, incluso política, en mi país”, contó.

Mientras una campesina salvadoreña denunciaba la ola de violencia que hay en su país y que arrastra a los jóvenes campesinos, que son más vulnerables, para convertirlos en sicarios, Magdalena Lázaro, indígena aymara de Bolivia, secretaria general de la Confederación Nacional de Indígenas Originarios, destacaba la importancia del encuentro con Francisco“Ha sido muy importante encontrarse con el Papa porque nos da alegría, nos da fuerza –dijo a este diario– para nuestra lucha, porque nosotros buscamos justicia, tener una vivienda, trabajo y tierra, de la que estamos despojados. Yo siempre he sido campesina, de sembrar papa, quinoa, chuño, de tener llamas y alpacas. Esta reunión puede ser muy importante porque uno toma más fuerza para seguir en la lucha.”.

Para Nora Padilla, de Colombia, quien empezó a recolectar basura cuando tenía seis años junto a su madre y su abuela, y hoy es la representante de la Asociación Nacional de Recicladores y de la Red Latinoamericana de Recicladores, “el discurso del Papa nos llama a continuar nuestra lucha”. Ella y sus compañeros se consideran haber sido los que sentaron las bases para que hoy Colombia sea considerada el cuarto país del mundo en materia de reciclado, después de Alemania, Dinamarca y
Holanda.

Fuente: Texto libre del artículo publicado en el Diario Página/12