domingo, 26 de diciembre de 2010

[Pagina12WEB] Noticia enviada por barrios y escuelas

Economía  |  Domingo, 26 de diciembre de 2010
LA CONSTRUCCION DE SOLUCIONES HABITACIONALES CRECIO DE MANERA EXPONENCIAL EN SIETE AÑOS

Todas las fichas al plan de viviendas

Desde 2003 hubo un aumento sistemático de edificación y mejoramiento de casas en todo el país. Con las obras en ejecución para 2011, serán 787 mil en ocho años, contra 629 mil de los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa. Elogios de la ONU por la urbanización de villas.

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Como el plan de viviendas es federal, el nivel de ejecución tiene una fuerte influencia de la eficacia de los gobiernos provinciales.
Por Roberto Navarro

Entre 2003 y 2010 la administración kirchnerista construyó 302 mil viviendas y hay 123 mil en ejecución, que se terminarán en 2011. También amplió y mejoró 251 mil viviendas y el año próximo finalizará la mejora de otras 124 mil. En total, el Plan Federal de Viviendas, implementado por José López desde la Secretaría de Obras Públicas, dependiente del Ministerio de Planificación, brindará en ocho años 787 mil soluciones habitacionales en los 24 distritos del país, que beneficiarán a 3,9 millones de personas. Durante los seis años de gestión de Raúl Alfonsín se ejecutaron 165 mil soluciones habitacionales; Carlos Menem, en diez años, realizó 390 mil y Fernando de la Rúa, en dos años, 74 mil. Como el plan es federal el nivel de ejecución tiene una fuerte influencia de la eficacia de los gobiernos provinciales. La provincia que más viviendas terminó fue la de Buenos Aires: 56.800. En una de las provincias más pobres del país, el Chaco, se construyeron 14 mil y en Jujuy, 12 mil. El distrito que menos construyó fue la Ciudad de Buenos Aires, con 4220 viviendas. De esa cantidad, Mauricio Macri sólo ejecutó 892. Un dato que ayuda a comprender por qué la toma de tierras para reclamar viviendas comenzó y se da con mayor fuerza en el distrito porteño.

En 2003 el Estado nacional dispuso 67 millones de pesos de fondos específicos para vivienda, que se sumaron a los 548 millones del Fonavi; en el 2010 los fondos para programas federales superaron los 5000 millones de pesos, que se sumaron a los 1500 millones del Fonavi, que se transfirieron directamente a las jurisdicciones provinciales. Así, en siete años, el total del presupuesto aumentó más de un 1000 por ciento. Desde 1976 hasta 2003 el promedio de soluciones habitacionales fue de 22 mil anuales. En 2004 comenzó a subir y desde 2007 supera los 100 mil por año.

Además de dar respuesta al problema de casi cuatro millones de argentinos, la construcción de viviendas por parte del Estado genera empleo y dinamiza la economía. En promedio, entre construcción y ampliaciones y mejoras, se generan cinco puestos de trabajo por unidad. Es decir que en siete años se generaron 400 mil empleos. Desde 2003 el Indicador Sintético de la Construcción, elaborado por la cámara del sector, creció un 182 por ciento. La venta de cemento portland subió un 151 por ciento.

Los datos de construcción de viviendas por provincia muestran una desvinculación entre la cantidad realizada y el poder económico de los distritos. Tampoco hay relación con el color partidario. En la provincia de Buenos Aires, donde habita el 40 por ciento de la población nacional, se terminaron 56.800 viviendas y hay otras 49 mil en avanzada ejecución; la segunda provincia en ejecución fue Misiones, una provincia pobre, gobernada por el radical Maurice Closs, con 18.239 viviendas. Le siguió Santa Fe, gobernada por el socialismo, con 17.768. Estos registros demuestran la falacia de las afirmaciones de Mauricio Macri cuando asegura que no pudo construir más viviendas porque el gobierno nacional apoya sólo a las provincias que adhieren al kirchnerismo. También resaltan provincias como Formosa, que terminó 10.668 viviendas, y Tucumán, con 10.056 ejecuciones.

Al finalizar la gestión Jorge Telerman, en el año 2007, el gobierno nacional había otorgado al Instituto de la Vivienda de la Ciudad el Apto Técnico para que la Ciudad de Buenos Aires licitara un total de 7000 viviendas. La ciudad debía comprometerse a invertir un 50 por ciento de los fondos que invirtiera la Nación. Un arreglo similar al que se realiza con todas las provincias, con diferentes porcentajes según los precios de los terrenos. La gestión de Mauricio Macri decidió no realizar dichas licitaciones que ya habían sido acordadas entre Nación-Ciudad, trabando la posibilidad de implementar los Programas Federales dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Así, terminó ejecutando apenas 892 viviendas. El presupuesto destinado a ese rubro representaba el 4,3 por ciento del total del presupuesto de la ciudad en 2006; en 2010 es sólo el 2,3 por ciento. Por otra parte, la administración macrista casi duplicó los empleados del Instituto de la Vivienda de la ciudad. Así, el 70 por ciento del gasto se va en salarios. Por último, en 2010 sólo ejecutó el 21 por ciento del total presupuestado. Esto explica por qué construyó tan poco en tres años.

El presupuesto del Plan Federal de Viviendas subió todos los años desde 2003. En ese año fue de 699 millones de pesos; en 2005 ya había saltado a 3075 millones de pesos; en 2008 fue de 4931 millones y en 2010, de 6990 millones. La Secretaría de Obras Públicas le entrega a cada distrito 140 mil pesos por unidad. Los gobiernos provinciales aportan la diferencia, que varía fundamentalmente por el valor de los terrenos.

Los planes de vivienda que comenzaron en 2003 se fueron articulando de acuerdo a las prioridades y al aumento del presupuesto que derivó del incremento de la recaudación impositiva. Comenzó con el Programa Federal de Solidaridad Habitacional: en una primera etapa construyó 20.000 viviendas en el NEA-NOA y en una segunda etapa edificó viviendas para atender demandas específicas: rurales, para comunidades aborígenes, para atender catástrofes naturales y otras. Luego, el Programa Federal de Emergencia Habitacional, que construyó viviendas a través de cooperativas de trabajo, tendiendo al doble objetivo de mejorar el hábitat social de barrios humildes y crear trabajo, ya que el 50 por ciento de los miembros de la cooperativa eran beneficiarios del Plan Jefas y Jefes de Hogar. Más tarde vinieron el Programa Federal de Construcción de Viviendas, de 120.000 unidades, el Programa Federal de Mejoras de Viviendas Mejor Vivir, con 140.000 mejoramientos y por último el Programa Plurianual de Construcción de Viviendas: 300.000 unidades por etapas.

Dentro de las operatorias de vivienda se desarrollan planes de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios en todo el país, en el que se destacan las acciones de urbanización de las villas y asentamientos ubicados en la Cuenca Matanza-Riachuelo, con un plan de obras en marcha para 17.771 familias. Estas obras trabajan sobre una población con alto riesgo ambiental y sanitario. La demostración de que la urbanización de villas es posible se confirma en el partido de Avellaneda, localidad en la que en 2003 existían 9 villas con más de 22 mil habitantes. En la actualidad queda sólo una con 2400 personas, que serán trasladas a un nuevo barrio que se terminará de construir en 2011.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció el éxito en la implementación de los programas federales argentinos en el informe bianual "Estado de las ciudades del mundo 2010-2011", en el que se señala que "Argentina, Colombia y la República Dominicana son los países con mayor éxito de la región en urbanización de villas, ya que han sido capaces de reducir su proporción de habitantes de asentamientos en más de un tercio en los últimos años gracias a una mejoría en las viviendas y a un mejor acceso al abastecimiento de agua y los servicios de saneamiento".

En 1980 existían 8,2 millones de viviendas para 25 millones de habitantes. En el censo recién realizado se registraron 14,4 millones de viviendas para 40 millones de personas. La relación se mantiene igual. El déficit estimado es de 1,8 millón de viviendas. Pero de ese total, el 80 por ciento se refiere a necesidades de ampliaciones y mejoras. En muchos casos se trata de familias que viven hacinadas en una habitación. Por eso el trabajo de la Secretaría de Obras Públicas en ese tipo de soluciones habitacionales. El déficit puro de viviendas, según el último censo del Indec, es de 360 mil, una cantidad similar a la que construyó el Gobierno en los últimos siete años. El problema es que la distribución geográfica no es equilibrada. Por eso la importancia de un plan específico de parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

robertodnavarro@gmail.com

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Redalyc: Informalidad y ocupación de tierras en C.A.B.A.

Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Sistema de Información Científica Redalyc

Procesos informales de ocupación de tierras en la Ciudad de Buenos Aires.
¿Villas o asentamientos? El caso del asentamiento Costanera Sur.
Los excluidos del sueño

 por Vanina Lekerman*

Este trabajo se centra en el análisis de las nuevas formas de organización del espacio y las políticas de planificación de la Ciudad de Buenos Aires en el marco de los procesos contemporáneos de transformación urbana. Particularmente, tendremos en cuenta los procesos informales de "ocupación" de terrenos por parte de sectores de la población de bajos recursos económicos. Este fenómeno comenzó a evidenciarse en la Ciudad de Buenos Aires más fuertemente a fines de la década del '90 y ha sido objeto de políticas estatales diferenciadas en relación con aquellos casos de ocupaciones irregulares consolidadas como son las llamadas villas de emergencia reconocidas por la administración municipal, y en las que se están ejecutando programas de regularización dominial y de urbanización. Por último, nos proponemos analizar un reciente espacio habitacional de la pobreza denominado "Villa Costanera Sur", que se emplaza en una zona de la ciudad que en los últimos años su entorno ha cobrado centralidad para los proyectos de renovación urbana.


ver el trabajo completo en: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=180913913007
opción 2: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/1809/180913913007.pdf

Villas y asentamientos P/12

El país  |  Domingo, 26 de diciembre de 2010
OPINION

Villas y asentamientos

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Por José Natanson
Las primeras villas de emergencia nacen en los '50, como resultado del proceso de urbanización alentado por la sustitución de importaciones y el impulso industrializador del primer peronismo. Están pobladas, en general, por migrantes internos, la mayoría proveniente de zonas rurales, que buscan en las fábricas de las ciudades nuevas oportunidades de vida. Como su nombre lo indica, son sitios pensados como lugares transitorios, de emergencia. Y es lógico: para un chaqueño, un santiagueño o un correntino, la villa era la puerta de entrada a la ciudad, el lugar de paso al que debía resignarse unos años antes de poder acceder el terrenito para edificar una vivienda. En un país industrializado, que todavía se enorgullecía de la movilidad social ascendente y con un mercado de trabajo aún capaz de absorber a nuevos empleados (es decir, la Argentina anterior al colapso del modelo estadocéntrico), la villa funcionaba, al menos imaginariamente, como la escala hacia un lugar mejor.
Se ocupación, por lo tanto, no era planificada, sino el resultado de la agregación de decisiones individuales. Como explica Vanina Lekerman ("Procesos informales de ocupación de tierras en la Ciudad de Buenos Aires"), se trataba de personas, a lo sumo familias, casi siempre sin experiencia urbana previa, que se iban instalando en las villas al amparo de familiares o conocidos que ya vivían allí. Y como la forma urbana no siempre es resultado de la planificación de los urbanistas inspirados sino el saldo precario de los procesos socioeconómicos, las villas se configuraron en trazas irregulares e intrincadas, en donde el espacio se aprovechaba al máximo: pasillos estrechísimos entre casilla y casilla, construcciones precarias, hacinamiento. Hasta el día de hoy las villas sextuplican la densidad poblacional media en el área metropolitana. El objetivo no era crear un barrio sino encontrar un lugar donde vivir hasta conseguir algo mejor.
En los últimos 30 años, en el marco de una sociedad cada vez más fragmentada, con amplios sectores excluidos de los mercados de trabajo y una polarización social cada vez más marcada, el área metropolitana de Buenos Aires sufrió, al igual que otras grandes ciudades como Córdoba o Rosario, un proceso de dualización, entre un corredor norte rico y un sur pobre. En este contexto comenzó a surgir, a principios de los '80, un nuevo fenómeno: los asentamientos, la ocupación organizada de tierras que, tras el fin de la dictadura, se multiplicó rápidamente, en particular en la Capital y el conurbano. Los asentamientos son villas que se asumen como permanentes, con todo lo que esto implica en términos de imaginarios de sus habitantes, perspectivas de futuro y relación con el Estado. Constituyen, en palabras de Denis Merklen ("Organización comunitaria y práctica política. Las ocupaciones de tierras en el conurbano de Buenos Aires"), una nueva forma de producción del hábitat.
A diferencia de la ocupación familiar de las villas, los asentamientos se realizan mediante una acción colectiva organizada, lo cual los emparienta con las experiencias de lucha por la tierra vigentes desde hace muchos años en países con una tradición de baja cohesión social y distribución regresiva del suelo (el caso del Movimiento Sin Tierra de Brasil es el más publicitado pero no el único).
Los asentamientos no son percibidos como una solución habitacional provisoria sino como algo permanente, lo que tiene amplias consecuencias en la forma de ocupación del suelo. Como el objetivo no es buscar un lugar de paso sino una residencia, se configuran en trazados urbanos amanzanados, regulares y planificados, imitando el damero característico de las calles de Buenos Aires, muchas veces previendo espacios libres para futuros emprendimientos comunitarios o públicos, como la sala de infantes, la canchita de fútbol o el comedor comunal. El objetivo es asimilarse al resto de la ciudad, normalizarse, sentirse un barrio más, con la paradójica consecuencia de que la ocupación ilegal de la tierra lleva a estrategias de organización que buscan cumplir las exigencias legales en términos de utilización del suelo, medidas de los lotes, etc.
Así, suele ocurrir que, luego de la ocupación, se busque algún tipo de legitimación por parte del Estado, y es muy común que los ocupantes de los asentamientos reclamen su derecho a convertirse en propietarios mediante la compra de las tierras. Como señalan María Cristina Cravino, Juan Pablo del Río y Juan Ignacio Duarte ("Magnitud y crecimiento de villas y asentamientos en el Area Metroplitana de Buenos Aires en los últimos 25 años"), esto lleva a muchos de sus habitantes a rechazar el adjetivo "villero", al que asocian a condiciones de hacinamiento, promiscuidad y delito.
En todo caso, las ocupaciones urbanas informales avanzan. Hoy existen en el área metropolitana de Buenos Aires 819 villas y asentamientos que reúnen a más de un millón de personas (aunque podrían ser más debido a las dificultades para llegar a un dato fehaciente). En 1981, la población que vivía en villas y asentamientos representaba al 4,3 por ciento del total del conurbano, en 1991 al 5,2 por ciento, en 2001 al 6,8 y en 2006 ya llegaba al 10. El aumento es enorme si se tiene en cuenta que, entre 1981 y 2006, la población del conurbano se incrementó 35 por ciento, mientras que la que vive en tierras informales aumentó 220 por ciento. Entre 2001 y 2006, de cada 100 habitantes nuevos del conurbano, 60 se ubicaron en tierras informalmente ocupadas. Como es lógico, las villas prevalecen en la Capital y el primer cordón, mientras que los asentamientos, en general más nuevos, son más comunes en el segundo (todos datos de María Cristina Cravino, Juan Pablo del Río y Juan Ignacio Duarte).
Por supuesto, la tipología villas / asentamientos es –citemos a Weber–- ideal. Es posible encontrar todo tipo de situaciones intermedias, áreas que comienzan de un modo y se transforman, en un proceso muy dinámico y condicionado por miles de variables: la reconfiguración de la "ciudad formal", la creación de nuevos polos de prosperidad, el modelo socioeconómico, que puede revitalizar ciertas industrias (y por lo tanto ciertas zonas). Pero la tipología vale para el análisis: la villa como una respuesta familiar a los déficit de vivienda en el marco de un modelo todavía inclusivo, y los asentamientos como una reacción colectiva, que demuestran la capacidad de organización y de lucha de los sectores populares pero también su conciencia acerca de las carencias habitaciones como un problema permanente, como si supieran que no hay lugar para ellos en la ciudad.
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Tierra en el ojo P/12

El país  |  Domingo, 26 de diciembre de 2010

Tierra en el ojo

Por Horacio Verbitsky
El jefe de gabinete con Angelini, Garay y Blanca Arce. De espaldas, Enzo Pagani.
Al cabo de tres semanas de conflicto, comienza a advertirse que el problema básico sobre el que se montan las operaciones políticas de desgaste no es el de la vivienda sino el del acceso a la tierra urbana. Nunca antes el Estado había construido tantas viviendas como en los últimos siete años. Sin embargo, esto no es suficiente, así como el crecimiento macroeconómico y la vertical reducción del desempleo no bastaron para acabar con el núcleo duro de la pobreza, que requiere de otro tipo de intervenciones. El mercado ha hecho la asignación menos eficiente de un bien escaso como el suelo. Los barrios cerrados ocupan el doble de la superficie que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero viven en ellos 15 veces menos de personas. El hecho es que en las villas de la Capital se ha agotado la tierra disponible y en las del Gran Buenos Aires escasea. Esto se observa tanto en las construcciones en altura, con edificios de hasta cinco pisos en Retiro, como en la especulación inmobiliaria, por la que los alquileres en esos asentamientos tienden a converger con los del resto de la ciudad, de modo que sus precios quedan fuera del alcance de muchos presupuestos. Este conocimiento debería servir para encontrar la solución. La investigación del juez federal Daniel Rafecas sobre la ocupación del Club Albariño avanza en esa dirección: tanto los detenidos como el prófugo forman parte de una organización especializada en la intrusión de terrenos para construir y alquilar. El primer detenido, Guillermo Ramón Ferreira, maneja un centro comunitario de Ciudad Oculta, a doscientos metros del Club Albariño, que de día presta servicios sociales y de noche se convierte en bailanta. Parte de su poder deriva de su trabajo como capataz de obras, por lo cual cada día decide quiénes ganarán un jornal. El segundo detenido, Reinaldo Silvero González, ya había encabezado otra toma de tierras en Ciudad Oculta, hace tres años. Además de usurpación deberá responder por lavado de dinero: cuando lo atraparon conducía una carísima camioneta doble cabina último modelo. Además de los setenta lotes para viviendas que esperaban obtener de la ocupación sus planes incluían la construcción de otro centro comunitario/bailanta. El prófugo, Regino Acevedo, cobró hasta 2008 del gobierno de la Ciudad y forma parte del Movimiento Social Metropolitano, rama villera del PRO. Esto le permite decidir sobre la asignación de las pocas viviendas que ha construido la Corporación Buenos Aires Sur durante la administración de Maurizio Macrì. El presidente de la Corporación es el dirigente duhaldista Humberto Schiavoni, quien fue jefe de gabinete de ministros durante el fugaz interinato presidencial de Ramón Puerta y hoy es jefe de campaña de Macrì. Otros de los dirigentes del MSM aparecen en las fotos de esta página en compañía del jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, del legislador Enzo Pagani y del titular de la Unidad de Gestión e Intervención Social (UGIS), Federico Angelini. Ellos son Adrián César Garay, de la Villa 1-11-14, del Bajo Flores, y Blanca Arce, quienes junto con el prófugo Acevedo forman parte del grupo que dirige Miguel Angel Rodríguez, a quien llaman "El Turco" o "El Comandante", quien explota todo tipo de negocios ilegales vinculados con el gobierno de la Ciudad desde los tiempos de Carlos Grosso. Ahora es el turno del PRO. Angelini es rosarino pero proviene del bussismo y llegó al macrismo a través del ex legislador tucumano Pablo Walter, asesor del ministro Esteban Bullrich. Las fotos fueron publicadas en su muro virtual por un asesor de Angelini, Sebastián Fernández Cerdeña. Rodríguez debió renunciar a un empleo formal en el área de Vivienda de la Ciudad cuando se reveló que había sido condenado a una pena de prisión por la venta ilegal de licencias de taxis. Pero siguió vinculado en forma menos ostensible, a través del legislador Pagani. La UGIS también paga trabajos de mantenimiento en las villas, que se asignan a las empresas que organizan o controlan esos punteros. El macrismo no sólo mantiene nexos con los ocupantes, sino también con los denominados vecinos de Lugano que reclaman la desocupación del club y que agredieron con bombas incendiarias, nafta y neumáticos a las fuerzas policiales que formaron un cerco para separar a ambos bandos. El presidente del Club Albariño es Jorge Sampedro, Corea, el histórico culata de la UOM que acompañaba a José Rucci en el último minuto de su vida. Su Unidad Básica está a pocos metros del club ocupado. Varios de los torturados a golpes en el Hotel Internacional de Ezeiza el 20 de junio de 1973 lo señalaron como el responsable, cargo que el ex boxeador Corea niega. Su hermano Alfredo Sampedro tiene una empresa constructora y su jefe político es el duhaldista Eduardo Rollano. En tiempos de Grosso, Alfredo Sampedro tuvo una pelea a cuchillo con un pariente de Julio Carlos Capella, el hombre de la fotografía que avanzaba armado sobre los ocupantes del Parque Indoamericano. Algunos dicen que el duelo ocurrió con su padre, Carlos Roberto Capella, empleado del Club Atlético Boca Juniors y del gobierno de la Ciudad, pero otros señalan que fue con su tío, Jorge Luis Capella, quien trabaja en la Dirección Nacional de Migraciones en la misma sección que Victoria Giovenco, la hija del guardaespaldas de la UOM que murió en 1974 cuando le estalló un explosivo que intentaba colocar. También forma parte del grupo de Corea el ex legislador Carlos Elías, El Chapa. Su hijo, Chapita Elías, es uno de los responsables de la zona sur designado por el macrismo. Este entramado de relaciones políticas y personales es parte del universo de Lugano y Mataderos que responde a Cristian Ritondo, de privilegiada relación con la comisaría 48 de la Policía Federal, que ya padeció el relevo de dos sucesivos jefes. Ritondo es el heredero político de Miguel Ángel Tomanzano, si tal cosa puede decirse en serio. De ambos dependió Migraciones durante el interinato presidencial de Duhalde. Ritondo es legislador de PRO, pero asistió al lanzamiento de la campaña presidencial de Duhalde. Del acuerdo también participa el primo inteligente del jefe de gobierno, Jorge Macrì, el principal partidario de una alianza electoral. Esta semana tuvo un almuerzo público con la esposa de José Luis Barrionuevo para discutir en qué condiciones, dado que ambos jefes aspiran al mismo sitial. Junto con Pagani, Ritondo elaboró el proyecto de escrituración de tierras ocupadas en las villas que fue la señal de largada para las ocupaciones de diciembre.
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