viernes, 17 de diciembre de 2010

La larga espera del pobre

El país  |  Viernes, 17 de diciembre de 2010
LA INVESTIGADORA SHILA VILKER CARACTERIZA A LOS SECTORES POBRES DE LA CIUDAD

La larga espera del pobre

La tierra, su valor inflacionario, la vivienda, la espera, los servicios del Estado. Shila Vilker, que desarrolló un trabajo etnográfico en la incendiada Villa Cartón, cerca del Indoamericano, analiza la cotidianidad del "eslabón más débil de la cadena".

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Por Soledad Vallejos
Lo que emergió con la toma de Villa Soldati fue la evidencia de cómo vive "el eslabón más débil de la cadena". Su cotidianidad se ve atravesada por "el problema del valor inflacionario de la tierra: son personas que ni siquiera pueden pagar el alquiler en uno de los lugares más despojados para ir a vivir. No pueden ni afrontar una vida en la villa, donde se manejan valores de 800, 1000 pesos por una casilla precaria". Esas son algunas de las observaciones que comparte la investigadora Shila Vilker y que se desprenden de un trabajo etnográfico que realizó junto con Javier Auyero durante dos años. Había comenzado como un estudio que se preguntaba por "el tiempo específico vinculado a la pobreza, el tiempo de la espera que siempre está asociado a los sectores pobres en su relación con Estado", pero el propio recorrido llevó a poner el foco sobre otro eje. La investigación se desarrolló entre 2008 y 2009, y una de las primeras cosas que notó Auyero, explica Vilker, es que "una de las cosas vinculadas a la espera pasa por la vivienda y los servicios del área de Desarrollo Social". Lo plantea, también, tras haber terminado el recorrido último e impensado a que la empujó la etnografía: el destino de los habitantes de Villa Cartón, aquel asentamiento bajo la autopista incendiado en febrero de 2007.
–¿Por qué?
–Las personas que están en situación de vulnerabilidad tienen una fuerte relación con las instituciones del welfare, del desarrollo social, y a la vez tienen una relación muy particular con el deseo por la vivienda. Lamborghini hablaba de "solicitantes descolocados", y son precisamente eso. Que solicitan está claro, y se podría decir que son descolocados porque no encuentran lugar. Esta situación de ir a pedir, que es hacer valer un derecho, implica atravesar situaciones en que son despreciados, maltratados, tal vez no en todos los casos, pero sí en muchos. Y por otro lado, está también claramente la potestad del Estado para hacer esperar: en todo momento surgen cuestiones como "hoy se cayó el sistema, venga mañana", "se reprogramaron los pagos para otro día", "falta una gestión más", "siéntese y espere", "vaya y lo llamamos", o "vaya y espere hasta que estén los listados". Quiero decir: hay una dimensión de la espera que es articuladora de la vida de estas personas.
–En esa espera se incluyen los subsidios habitacionales.
–Sí, muchas veces otros subsidios salen antes que la vivienda, que prácticamente no sale, o que tiene bajísimos niveles de ejecución. Todo esto, de todas maneras, hay que ponerlo en un marco más amplio, que es el de la crisis habitacional vinculada con los sectores menos favorecidos. No es algo que se pueda resolver de hoy para mañana; no es algo que afecte sólo a la Ciudad. Una de las cosas que se puede pensar ante esta situación es que tal vez sea una oportunidad histórica para darse una política de relocalización vinculada al desarrollo de zonas, áreas, productivas. Eso es clave para ver la concentración urbana.
–¿Por qué?
–Desde una perspectiva, la decisión de llegar a estos asentamientos es lógica y racional: ser pobre en Ciudad es mejor que ser pobre en la provincia. Hay servicios y accesibilidad a los lugares donde está la plata y hay trabajo. Ante casos como el de Villa Cartón y Villa Soldati, hay que son el eslabón más débil de la cadena. Su situación está vinculada al problema del valor inflacionario de la tierra: son personas que ni siquiera pueden pagar el alquiler en uno de los lugares más despojados para ir a vivir. No pueden ni afrontar una vida en la villa, donde se manejan valores de 800, 1000 pesos por una casilla precaria. Mientras hacíamos la etnografía, el valor del subsidio habitacional había pasado de 400 a 750 pesos. Si estás en emergencia habitacional, como el Estado no puede proveerte vivienda, lo que hace es darte un subsidio por tres o seis meses. En algunos casos, algunos actores presentan amparos con apoyo de la Defensoría del Pueblo y logran la renovación del subsidio. Ahora, fue interesante cómo cuando pasó de 400 a 750 pesos, se dispararon los precios de las vivienda. De alguna manera, es el mismo monto que se pone desde las instituciones de asistencia lo que fija el precio de la vivienda. En hoteles y villas, el precio siempre está un poco por arriba del subsidio. Cuando era 400, una pieza valía entre 500 y 650. Cuando se fijó en 750, llegó a costar entre 800 y 1000.
–Y se encarecen en zonas céntricas esas viviendas.
–Desde ya, especialmente en zonas céntricas. Se podría pensar que una de las cosas que pasa con Soldati es que explota la pobreza. Es como una explicación marxista básica: es un valor inaccesible. Es la zona más desesperada y extrema de la pobreza. Se habló de "pobres contra pobres", pero es incorrecto: se trata más de pobres contra paupérrimos. O pobres contra menos pobres.
–Entre la situación de Villa Cartón y la actual, ¿se podrían trazar relaciones concretas?
–Yo contacté a quienes habían habitado la Villa en Capital Federal o en barrios del conurbano. Pero algunos entrevistados en las oficinas de Desarrollo Social (el ministerio porteño) sí planteaban que, hasta que saliera el subsidio, estaban parando en el Parque Indoamericano. No es que esto sucede en un lugar que estaba inhabitado. De todos modos, también podría pensarse que eso tiene categoría de rumor. El caso es que lo decían. Hay que pensar lo siguiente: ¿cómo se arma una villa?
–¿Cómo?
–En el caso de Villa Cartón, los primeros llegaron a principios, mediados de los '90. Primero fue una familia grande; después otros cinco; durante muchos años fueron quince. La Villa, en lo demográfico, explota después de 2001. Es como el efecto cartoneril: los que se instalan masivamente, cartoneaban. Muchos tenían vivienda en provincia de Buenos Aires, pero volvían solamente el fin de semana. Se quedaban en la Villa para poder cartonear. Por otra parte, a estos lugares, por ejemplo el bajo autopista donde estaba Villa Cartón, nadie llega porque sí: compran la parcela. El que llega primero, de alguna manera, administra, regentea. No hay lugares gratuitos. Hablamos antes de la inflación del valor de la vivienda, de la tierra, pero también es cierto que la especulación no es sólo una prerrogativa de los grandes capitalistas. La especulación y el lucro son también atributos de los sectores menos favorecidos. Pero claro, el hecho de que uno pueda plantear eso sobre ciertos sectores no quiere decir que el Estado no tenga que intervenir para resguardar derechos. El derecho a la vivienda es un derecho superior, elemental y básico. Si lo tenés vulnerado, accedés a una serie de acciones para paliarlo. Comprar terreno de forma ilegal, tomar un parque son algunas, pero hacer eso no es un derecho. Por resguardar un derecho superior, se genera una violación.
–Pero no es una opción en realidad.
–No, quien hace eso no tiene opción. Mínimamente eso habría que comprenderlo, pero en estos días se han visto y escuchado otras cosas. Tal vez haya que volver a pensar acerca de los muros, como aquel que había generado conflicto en San Isidro o el que generaba malestar en Soldati y Lugano hace sólo unas semanas. La villa todavía no existe, pero ya está la segregación. Los muros los tenemos en la cabeza: anteceden a Soldati, la toma y el cerco policial. Muchos de los antiguos habitantes de Villa Cartón, por ejemplo, contaban cómo eran amenazados y cómo les disparaban los vecinos establecidos en las viviendas sociales, en los monoblocks. Ahí hay un problema de segregación y valoración del prójimo tan profundo que resolver la situación de Soldati no cambia: se trata de una dimensión de la cultura. Por otro lado, también se puso en evidencia que el Estado democrático debería preguntarse cómo es posible intervenir sin generar víctimas. ¿Cómo se generan fuerzas de seguridad democráticas?
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jueves, 16 de diciembre de 2010

Vayan a mi pieza que está ordenada

Psicología  |  Jueves, 16 de diciembre de 2010
Trabajo psicoanalítico con poblaciones de villas

"Vayan a mi pieza que está ordenada"

"Es necesario ir al territorio que los villeros pudieron armar: la casa, la esquina. Ellos no van a salir a buscarnos, porque tienen miedo y razón en tenerlo", señala la autora de este trabajo, y relata su experiencia de trabajo, mediante el psicoanálisis, con una familia.

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Por Silvia Sisto *
A partir de la experiencia de trabajo con poblaciones de villas, entiendo que muchas veces es necesario ir al territorio que ellos pudieron armar: la casa, la esquina, el baldío. Ellos no van a salir a buscarnos, básicamente porque tienen miedo y razón en tenerlo. Muchas veces los profesionales cambian, la gente se va, no es de ahí, y ellos se quedan solos una vez más. Si hay algo que los pibes que van a ASE (Acción Social Ecuménica) valoran es nuestra permanencia. Este movimiento de ir hacia el territorio se sustenta en la colaboración de los equipos de salud mental en combinación con otras disciplinas y actores sociales: agentes comunales, enfermeros, religiosos, vecinos. Allí se arma un territorio muy diferente para todos. Hay lugar para jugar diferentes roles.
Hemos observado que el comedor de sus casas es casi una prolongación de sus cuerpos. En el fondo, poder salir... es salir del "comedor" familiar, donde comen y son comidos por furiosas pasiones que los aplastan. Las adicciones, la oralidad. En este momento conduzco el tratamiento de tres chicas pobladoras de villas de emergencia, y hay una recurrencia: les resulta sumamente doloroso mejorar y salir solas de su situación, sin sus hermanos. Me pregunto qué derecho tenemos a despegarlos y realmente pienso que en muchos casos hay que tomar el riesgo, porque la suerte está echada. Si se angustian y llaman, como muchas veces lo hacen, habrá alguna chance. Si no, igual ya no hay nada, sólo el vacío llenado con tóxico o las balas. Entonces, trabajamos para producir, una y otra vez, actos clínicos, que tal vez den lugar a alguna subjetivación, si las balas no actuaron antes. Este es un factor muy difícil de tolerar para todos nosotros. El otro aspecto difícil es soportar que tienen sus recursos, sus linajes y sus goces: no somos conquistadores del territorio del otro.
Paso a relatar una escena que fue casi cinematográfica. Llegamos con el pastor integrante de ASE, como siempre, a la misma hora, a la casilla de una de las familias, y encontramos que el comedor está de-sierto: es que Emma, la madre, empezó a trabajar.
El trabajo es tema de casi todas las reuniones. Una de las últimas empezó con el relato de un episodio entre bandas, con intervención de la policía, y terminó con los clasificados en mano, jugando a buscar trabajo: el Bebe (19 años) les encontraba trabajo a todos, también a mí. En realidad, él y yo éramos los únicos que trabajábamos en ese momento. Fue entonces cuando me preguntaron si era muy difícil estudiar psicología, que cuántos años tardé, que dónde quedaba. La curiosidad se empezaba a hacer presente en transferencia.
La pregunta básica que empezaban a formularse era: ¿qué hay afuera?
Que Emma haya conseguido trabajo es todo un acontecimiento. Para cada hijo, esto tiene una resonancia distinta.
Sin Emma allí, la casa parece más liviana. Los jóvenes están contentos. "Ahora va a poder comprarse ropa", dice el Bebe, que, un rato antes de nuestra llegada, se tatuó en la espalda un verso en homenaje a un amigo, muerto de leucemia.
El Negro (21 años) también se tatuó hace poco: las iniciales de la hija y un mensaje de amor a su madre. Los tatuajes los hizo un amigo que, como dibuja muy bien y quiere trabajar, se compró las agujas y practica con ellos.
Parecen estar jugando. Me pregunto si, ahora que la madre salió de la casa, ha dado lugar a un espacio potencial de juego, ahora y mediando nuestra presencia: Emma se fue a trabajar y ellos se tatuaron, ordenaron, hicieron limpieza, programan seguir buscando trabajo; jugaron.
La hija mayor (24 años, hija del incesto) dice querer hablar a solas conmigo. El Negro dice: "Vayan a mi pieza que está ordenada". El Bebe interviene: "No, esa escalera es un lío, que vayan a nuestra pieza que también está ordenada". Los dos hermanos ofrecen sus espacios más íntimos, y cierto velo está en juego, ya que aclaran que sus piezas están ordenadas; no ofrecen cualquier lugar.
Atravesamos varias cortinas que separan las piezas y llegamos a la única con puerta y llave. En la pieza, ahora consultorio, un grabador ofrece cumbia sin parar. Nos sentamos en la cama y ella empieza su relato: quejas y quejas sobre el lugar que le quedó a ella, ahora que su mamá trabaja; ella tiene que hacer lo que antes hacía su mamá, no puede negarse porque si no, ¿quién lo hace?
Es lo mismo que hace una semana decía Emma, resulta muy impresionante escucharlo ahora de su hija. La posta se pasó sin pausa. Después, cuando vuelvo al comedor, el Negro espera su turno.
Me cuenta de su gran malestar: hace días que está mal, no puede dormir. Sucede que salió sólo y Bruma (16 años), su mujer, quedó enojada; a Belén –la otra– no la vio y se transó a una tercera. Bruma y Belén se enteraron y ahora todo está perdido. "Al final hago lo mismo que mi viejo, es que mi mamá siempre dice que soy igual a él, borracho, infiel, mentiroso, pero yo estoy contento porque, aunque fue por 15 días, a mi vieja la tuve como una reina." Se refiere a cuando cobró la indemnización, que gastó en pocos días, por la pérdida de un dedo en un accidente laboral (ver nota de Sergio Rodríguez).
Continúa: "Para mí, mi vieja es todo y no quiero que trabaje. Yo tendría que trabajar, pero no sé por qué no puedo".
Le propongo trabajar sobre esto que dice, y lo invito que lo haga en mi consultorio. Acepta contento, dice que sí pero... –entre desconfiado y asustado—: "¿Toco timbre y salís vos o hay alguna otra persona?"
El Negro no sabe qué hay afuera, le da miedo.
Salimos de la pieza. Ha llegado Emma. En su cara inesperada veo la cara de su hija menor, de 15 años; la cara de ella misma cuando tenía esa edad.
La madre de Emma murió cuando ella tenía cuatro años, y ella fue la mujer de la casa. Su padre y sus dos hermanos la tomaron como la mujer de la casa, incluso para tener sexo con ella. Hasta que, a los 15 años, quedó embarazada y entonces, con ayuda de una hermana, se escapó.
Por eso la hija del incesto es, también, la hija que la salvó.
Emma, al volver de trabajar, está espléndida, erotizada, con cansancio de cuerpo feliz. Se ha bañado y se recuesta en un viejo sillón, se envanece de sí. El cuerpo y el cansancio se han articulado con relación al trabajo. Otras veces su mirada es esquiva, con desconfianza, tristeza y furia. Es difícil escucharla, puede resultar insoportable. En el trabajo se lesionó un pie. Cuenta que ese pie se lo esguinzó de chiquita, que siempre estuvo "resentido".
En todo caso, creo que la marca y la diferencia se instalaron en la casa, propiciadas por el contexto que se armó en la ausencia de la madre: un espacio para hablar en privado y otro en grupo. Esto fue hecho posible por nuestra intervención en territorio, por el hecho de haber ido nosotros allí.
Adentro y quizás afuera, la "o", disyuntiva, de la exclusión empieza a ser reemplazada por la "y", que no nos permite valorar la cultura que ellos portan y no pretender desarraigarlos de lo que han construido. Esta es la política del pastor, con quien trabajamos en ASE, y es también la posición del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencia, que van a vivir a territorio y en sus documentos valoran la cultura villera.
Trabajar en territorio, con todos los dispositivos que podamos crear, creo que es una apuesta desafiante y muy estimulante, que las políticas de salud no suelen contemplar: tendremos que argumentar para que esto sea tomado en cuenta. Es cierto que entraña una gran dificultad para los equipos, ya que a todos nos cuesta salir de nuestro territorio, seguro y conocido. Y no se trata de ir al territorio de ellos para sacarlos de allí, sino para escucharlos. Tampoco se trata de ir con ideas endulzadas o amorosas; esto sólo expondría más a nuestros jóvenes. Porque los territorios se defienden con guerras.
* Psicoanalista, miembro del equipo de ASE (Acción Social Ecuménica) y supervisora externa en salud mental de Moreno. Texto extractado de un trabajo presentado en las IX Jornadas de Salud Mental del Municipio de Moreno, 23 de octubre de 2010.
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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Las organizaciones que integran Habitar Argentina son:

APROCHOL
Asamblea por la Recuperación del Barrio Ejercito de los Andes
Asociación Civil Habitat y Vida
Asociación Civil Madre Tierra
Asociación Civil Movimiento 26 de Julio
Asociación Civil San Cayetano
Au3 Asociación Luz y Esperanza
AVE-CEVE
CECOPAL
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
CEUR
CIET
Comisión de Urbanismo y Vivienda EDE
CONPROSO
Cooperativa 341
Cooperativa de Vivienda Congreso
Cooperativa de Vivienda y Construcción Luz de Luna, Ltada.
Cooperativas de Vivienda
CTA Tierra del Fuego
Defensoría General de la Ciudad (Demián Sayat y Victoria Richiardi)
Defensoría General de la Nación (Sebastián Tedeschi y Romina Tuliano)
Escuela de Trabajo Social (Universidad Nacional de Córdoba)
Facultad de Arquitectura, Universidad de La Plata (Arq. Jorge Lombardi)
FADU-UBA-Programa Habitat y Pobreza Urbana de América Latina
Federación Cooperativa Todos Juntos
Federación de Tierra y Vivienda
FEDEVI
Foro Nacional de Agricultura Familiar
Foro Permanente por el Derecho a una Vivienda Digna
Foro Social Urbano de Ushuaia Tierra del Fuego
FOTIVBA (Foro de Tierras Infraestructura y Vivienda de la provincia de Buenos Aires)
Frente Barrial 19 de Diciembre
Frente de Hoteles
Fundación SES
Fundación Vivienda y Comunidad
ICOHA
IIED
INFOHABITAT
INPADES
Las Organizaciones sociales que integran son:
MOI - CTA (Movimiento de Ocupantes e Inquilinos)
Movimiento Carlos Mujica
Movimiento Nacional Campesino Indígena
Movimiento por la Reforma Urbana
Proyecto Barrio Escuela Vivienda y Trabajo para todas las familias
SEHAS
SERVIPROH
TierrHa
Un Techo Para Mi Hermano
Universidad Nacional de General Sarmiento

Diez puntos críticos que afectan la vivienda y el acceso al suelo


1- Según el censo de 2001, un tercio de la población (casi 14 millones de habitantes o lo que es igual, casi 3 millones de hogares), tiene dificultades para acceder al suelo y la vivienda

2- En el área metropolitana existen alrededor de 1000 asentamientos informales y en la Provincia de Buenos Aires, se produce una toma por semana.

3- El Fondo Nacional de la Vivienda fue desfinanciado al suprimirse el aporte patronal del 2,5% de las remuneraciones.

4- Del stock de 1.200.000 viviendas existentes en Capital en 2001, 127.000 se encontraban desocupadas en el 2007 (más de uno de cada diez inmuebles). Ese mismo año, se calcula que más de 140.000 viviendas se encuentran ocupadas irregularmente en la Ciudad. (Encuesta Anual de Hogares 2007).

5- Para acceder a un crédito bancario en condiciones de mercado se necesitan ingresos formales de unos 14 mil pesos

6- Dos tercios de los fondos públicos disponibles se utilizan para la construcción de viviendas nuevas por parte de empresas cuando el 71% del déficit del sector consiste en la necesidad de mejoras de viviendas deficitarias y ampliaciones en hogares hacinados

7- La inversión estatal es nula en compra de tierras. Tampoco se destinan fondos públicos para facilitar procesos de regularización dominial, problemática que afecta a 1 millón y medio de hogares en el país.

8- Dice la Auditoria del Consejo Federal de la Vivienda de 2008: la infraestructura (servicios básicos y sociales) de los nuevos barrios y los nexos con los centros urbanos carecen de planificación integral, previsión y coordinación entre los distintos organismos públicos que intervienen.

9- Cada día hábil de 2009, se iniciaron 36 juicios de desalojos, ejecuciones hipotecarias o usurpaciones de acuerdo a las estadísticas del Poder Judicial para la Capital Federal, es decir un total de 6162 casos.

10-  En Capital Federal, durante el año 2008, se desalojaron al menos nueve familias por día. (Informe Legislatura Porteña).